
Mientras esperamos la noche en el Teatro Kodak y que Claudia Llosa se peine (es una broma), sólo nos queda afirmar que La teta asustada ya ganó un premio acaso más importante que el Oscar (más independiente y más representativo del cine actual), me refiero obviamente al Oso de Oro del Festival de Berlín. No imagino a Magaly Solier llorando al recibir el premio (cosa kafkianamente prohibida por la Academia), me la imagino feliz, niña, como la alegría encarnada. Y claro está, mandando saludos en quechua a sus padres allá en Huanta. Sería toda una escena. Los gringos ni se la esperan: un quechuahablante en el Oscar. Suerte, chicas, porque se lo merecen.
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