
Por una vez en mi vida me gustaría llegar con seguridad a este día, pero no hay remedio: estoy desarmado frente a ti, mamá. Decirte algo ahora sería realmente mezquino, acaso siquiera llamarme tu hijo. El momento es este creo yo, no postearé un poema para ti hoy, te lo entregaré personalmente y dejaré que lo guardes otra vez, con los otros, que cuando tengas un mal sueño o te sientas sola en medio de nosotros (a veces ocurre) leas mis “cosas” y claro, aunque te parezca extraño aún decir que escribo, lo hago, aunque la creas una inusual virtud en mi, lo atesores y te enternezcas con mis torpes palabras.
Sigue así mamá, tú fuiste la primera inspiración de mi vida y eso nunca cambiará.
Tú tampoco lo hagas, por favor no lo hagas.
La sonrisa de mamá